Castillo de

San Felipe

Señala Jacques Derrida que la mentira no es un error. Se puede estar en el error, engañarse sin tratar de engañar y, por consiguiente, sin mentir… porque mentir es querer engañar al otro. En los casos de los historiadores se puede decir que no mienten si creen en lo que dicen, aun cuando sea falso. Por ello es difícil, al cabo de los años, de los siglos, calificar de errores las mentiras históricas. En relación con los hechos históricos nunca sabremos si existe una verdad histórica o la que conocemos está formada por los recuerdos y testimonios de unos pocos y por las versiones posteriores, intencionadas o no, de los dirigentes, a quienes les interesa una determinada versión de la historia para sus fines: reconstruir para el pasado una versión de una verdad elaborada en el presente pero manipulada intencionadamente.

«Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro.» – George Orwel (1984)

Castillo de San Felipe, Ferrol - Roberto Rey Fotografía

SITUACIÓN HISTÓRICA

El Siglo XVIII se caracterizó por el creciente expansionismo británico y su convencimiento de la necesidad de controlar el mar, ante la resistencia postrera española a ceder su dominio. A finales de siglo, los ingleses consiguieron interrumpir el tráfico regular entre España e Indias, que llevaba establecido casi 3 siglos, en un alarde de eficacia y poder naval de la marina. No obstante, durante este período,  existió una constante búsqueda de equilibrio entre las potencias europeas hasta la gran conmoción que supuso la Revolución Francesa. En este marco histórico, en un mundo de reyes que no tienen que explicar lo que hacen, de reyes irresponsables como dioses (sic), se inscribe el ataque inglés a Ferrol, que tiene como telón de fondo, la irresistible ascensión del general Napoleón Bonaparte, autoproclamado Primer Cónsul de la República Francesa que en 1799 y que ya tenía en mente invadir las Islas Británicas. Para ello, precisaba contar con los arsenales de España, y claro está, con la Armada Real que era para entonces la tercera de Europa en número de efectivos. Por el contrario, la destrucción de los arsenales y de la flota española era un objetivo prioritario para Inglaterra.

El mar es una espada innumerable… el mar es un antiguo lenguaje que yo no alcanzo a descifrar. – Jorge Luis Borges.

Castillo de San Felipe - Ferrol

En esta época, había 79 navíos en activo en España, pero la flota inglesa doblaba ese número. La flota creció por encima de las posibilidades económicas del país y exigía enormes dispendios y 110.000 hombres en servicio. En 1796 el Almirante Mazarredo informó a Godoy de estas circunstancias y de que se necesitaban, al menos 90.000 hombres, de los que sólo había 53.000. Inglaterra ya contaba con unos 100.000 hombres y 200 navíos. Godoy siguió la mala práctica de matar al mensajero, lo destituyó, y España siguió dando la espalda al mar y a su flota, un flota a la que el imperio le debía su razón de existir y su grandeza.

La vida de la galera dela Dios a quien la quiera. – Fray Antonio de Guevara.

TAMBORES DE GUERRA

«Habiéndose juzgado aconsejable, bajo las circunstancias presentes de la guerra y de Europa, que los esfuerzos de este país deben dirigirse lo máximo posible a la destrucción de las fuerzas navales enemigas. Su majestad, con la vista en este deseable objeto, ha tenido a bien significar a sus mandos que deben realizarse los preparativos necesarios para emplear un considerable cuerpo de fuerzas terrestres en unión de una escuadrilla de la flota contra los principales puertos de España en el Atlántico. El primer puerto sobre el que, en la intención de Su Majestad, debe realizarse un ataque es Ferrol … y el objeto de su expedición es la captura o destrucción de los buques enemigos, el arsenal, muelles y fortificaciones y de los almacenes de todas claves, navales y militares, en dicho puerto». – Downing Street, 31 de Julio de 1800.

«Siendo preciso que el que los mande todos, haga las mutaciones que en la ocasión estime convenientes, variando la combinación, y auxilios de la Plaza y el Arsenal según el punto que se halle más afligido y atacado…». – Extracto del Plan para la mejor defensa de la plaza de Ferrol, 31 de Agosto de 1797.

«… A partir de las siete de la mañana, tengo a la vista, al N-NE, y a una distancia de cuatro a cinco leguas, una escuadra, y sucesivamente, multitud de embarcaciones…» . – Piloto don Antonio Taboada.

«… Habiendo deseado el general Sir James Pulteney que las tropas podías ser desembarcadas, lo cual fue hábilmente realizado la misma noche… después de que fuera silenciado un fuerte (Doniños) con ocho cañones de 24… Todo el ejército estuvo en tierra, junto con 16 piezas de campaña, atendidas por marineros de los navíos para llevar escalas y los cañones a los altos sobre Ferrol…». – Desembarco según el informe Warren, 27 de Agosto de 1800. 

DOS DÍAS DE LUCHA

El regimiento de fusileros (riflemen) recibieron su bautismo de fuego y vertieron su primera sangre el primer día (25). Por la parte española, sólo participaron la infantería de Marina y Tropa. Parece ser que en este combate los fusileros ingleses utilizaron alguna versión temprana del fusil Baker, de ánima estriada, con mayor precisión pero que, en sus comienzos, tenía menos alcance que los de ánima lisa. 

«El cuerpo de fusileros… primero en desembarcar… el avance se hizo difícil por la naturaleza escarpada y abrupta del terreno, y al aproximarse a la cima los españoles se hallaban fuertemente apostados a los largo de la línea de crestas… A la una de la madrugada, se ordenó un alto y las tropas que habían alcanzado las cimas de Balón, como se les ordenó, esperaron a que amaneciera…» – Cor. W. Verner. 

La guarnición de Ferrol estaba compuesta por soldados procedentes de diferentes regimientos y acompañados por un total de 1.200 individuos de fuerzas populares, muy divididos en una gran extensión geográfica en partidos, trozos y escuadras. La Graña (Castillo de San Felipe) y Doniños les correspondían 100 hombres a cada uno.

Al segundo día (26) se decidió atacar al enemigo con las fuerzas disponibles. Se formó una primera línea de 781 de tropa y una segunda línea de 1.122, haciendo un total de 1903 combatientes sin contar oficiales, desplegados de forma que pareciesen mas. A pesar del ataque decidido y haber conseguido frenarles en su avance, enfrente tenían 9.000 hombres con uno o dos cañones violentos, por lo que se optó por retirarse y hacerse fuerte en la plaza de Ferrol.

«… lo probable es, entonces, que había al menos 8.000 ingleses para batir a 4.000 soldados españoles. Que aquellos que no lo hicieron, la razón del triunfo justo de los últimos…». – Historia Naval de Gran Bretaña, William James, 1826

Desde el Castillo de San Felipe, con los cañones traídos y manejados por gente de marina, se batió a los ingleses en su bajada por el monte, sobre las casas que forman hoy la Villa de San Felipe. El Castillo de la Palma también tuvo una destacada actuación en el rechazo a los intentos de tomar San Felipe apoyados por lanchas cañoneras. La bajada inglesa hacia el pueblo de A Graña, descendió seguramente por la antigua Calle de los Muertos (Actualmente de E. Blanco Amor) y fue batida por el Bergantín Vivo y alguna lancha y la batería flotante. 

» A las 10 de la mañana, una columna de 4.000 hombres se dirigió a tomar el Castillo de San Felipe por la espalda y aquel le hizo fuego con dos cañones… También el castillo de la Palma les hizo bien dirigido fuego y era 5 lanchas de la escuadra.. a estas se agregaron después las 4 cañoneras que estaban en Ares… Estos fuegos hicieron grandes estragos entre los enemigos… se vieron caer muchos montones de muertos». – TGeneral Juan Juaquín Moreno.

Con una cierta perspectiva histórica hoy analizamos esta victoria como un triunfo del diseño estratégico y de la ingeniería militar, disuasoria y defensiva, ya que la situación de las diferentes baterías costeras evitaron cualquier plan de forzar directamente la entrada de la ría de Ferrol. 

«No creo contradecirme cuando digo, que todas las expediciones de naturaleza similar a la de Ferrol, se asumen bajo circunstancias de las mayores dificultades y azar … La posesión de esas alturas me dio completa oportunidad de observar la situación general; y el resultado de dicha observación fue, decididamente, no atreverse a ningún ataque … No entiendo perspectivas de éxito…». – General Pulteney ante el Parlamento Inglés. 

 

Fotografías: Roberto Rey. Realizadas con Sony A7III + Objetivo Manual Voigtlander 40mm f1.2 Nokton Aspherical. Editadas en  Capture One.
TextoMiguel Ángel Fernández y Fernández (DEP).

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